El 26 de agosto, la Asamblea adopta la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de la cual Mirabeau y Sieyes son los editores principales. Esta declaración se ha convertido en el modelo de la mayoría de las constituciones modernas. Establece los derechos fundamentales del ser humano: el derecho a la libertad, a la seguridad, a la igualdad de todos ante la ley y, finalmente, al principio de la soberanía popular, por el cual la Nación, y ya no es un reinado. De derecho divino, se proclama depositario de poder. Sin embargo, esta declaración no cuestiona la monarquía de los Borbones, además, La Fayette y Mirabeau como la mayoría de la Asamblea son monárquicos.
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